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La Unión Europea desmonta el mito de las VTC eléctricas como solución ambiental Por Tito Álvarez 

La Unión Europea desmonta el mito de las VTC eléctricas como solución ambiental

Por Tito Álvarez 

Las nuevas normas europeas reconocen que la mayor parte de las partículas contaminantes del transporte procederán del desgaste de neumáticos y frenos, poniendo en cuestión la idea de que basta con electrificar las flotas para justificar más VTC en las ciudades.

Durante años se ha defendido que la electrificación de las flotas era la solución a los problemas ambientales asociados al transporte urbano. Bajo esa premisa, algunos han intentado presentar la expansión de las VTC como compatible con los objetivos de sostenibilidad simplemente sustituyendo motores de combustión por baterías. Sin embargo, la propia Unión Europea acaba de poner en cuestión ese planteamiento. La contaminación del futuro ya no está solo en el tubo de escape. Está también en los neumáticos.

En abril de 2024, la Unión Europea aprobó el Reglamento Euro 7. Y por primera vez en la historia de la regulación de emisiones, las normas no se fijan solo en lo que sale por el tubo de escape, sino también en algo que hasta ahora había sido ignorado: las partículas que emiten los neumáticos y los frenos al desgastarse.

Este cambio aparentemente técnico tiene consecuencias enormes. Y pone en cuestión uno de los grandes dogmas de nuestra época.

El dato más revelador aparece en el propio texto de la Comisión Europea: para 2050, hasta el 90% de las partículas emitidas por el transporte por carretera procederán de fuentes distintas al tubo de escape. Es decir, del desgaste de neumáticos y frenos. Cuanto más se electrifique el parque móvil, menor será la contaminación del escape, pero mayor será el peso relativo de estas otras emisiones.

Y aquí aparece una realidad incómoda. Los coches eléctricos son más pesados. Las baterías añaden cientos de kilos de peso adicional respecto a modelos equivalentes de combustión. La física es sencilla: más peso significa más presión sobre el neumático, más fricción contra el asfalto y más desgaste. Más desgaste significa más partículas.

Diversos estudios científicos llevan años alertando de este fenómeno. Algunos trabajos han estimado que los vehículos eléctricos pueden generar entre un 20% y un 30% más de partículas procedentes del desgaste de los neumáticos debido a su mayor masa. A ello se suma otro factor que rara vez se menciona: el par motor instantáneo.

La aceleración inmediata es una de las grandes virtudes del coche eléctrico. Pero esa potencia tiene un coste oculto. Cada aceleración intensa provoca un mayor esfuerzo sobre el neumático y genera más desgaste. Tenemos así una combinación difícil de ignorar: vehículos más pesados y con una entrega de potencia más agresiva.

Es cierto que el coche eléctrico reduce las partículas procedentes de los frenos gracias a la frenada regenerativa. Sería deshonesto no reconocerlo. Pero esa ventaja no elimina el problema del desgaste de los neumáticos, que se está convirtiendo en la principal fuente de partículas del transporte por carretera.

Y esto importa porque esas partículas no son inocuas.

Las partículas finas PM2.5 están asociadas a enfermedades respiratorias, cardiovasculares y diversos tipos de cáncer. La Organización Mundial de la Salud las considera uno de los principales riesgos ambientales para la salud humana. Además, investigaciones recientes han puesto el foco sobre compuestos derivados de los neumáticos, como la 6PPD-quinona, una sustancia relacionada con graves daños ambientales y cuya presencia ya ha sido detectada en organismos vivos, incluidos seres humanos.

Las partículas de neumáticos tampoco desaparecen. Una parte queda suspendida en el aire que respiramos. Otra termina en ríos, mares y acuíferos. De hecho, el desgaste de neumáticos es considerado una de las mayores fuentes de microplásticos del planeta.

La conclusión es incómoda para quienes buscan soluciones simples. Electrificar el parque móvil puede reducir determinadas emisiones, pero no limpia el aire de las ciudades de forma automática. Simplemente desplaza una parte importante de la contaminación desde el tubo de escape hacia el desgaste de los neumáticos.

Y hay otra consecuencia política que ya no puede ignorarse.

Durante años se ha intentado sostener que bastaba con electrificar las flotas para justificar un aumento constante de vehículos VTC en las ciudades. Ese argumento ha quedado superado por la propia evolución de la ciencia y de la regulación europea. Si Bruselas regula por primera vez las partículas procedentes del desgaste de neumáticos y frenos es porque reconoce que también contaminan y afectan a la salud pública.

Se acabó el cuento de que un vehículo eléctrico puede escapar a las restricciones de movilidad simplemente por no tener tubo de escape. Las partículas que desprenden los neumáticos siguen ahí. Y una VTC eléctrica que circula durante horas captando servicios genera inevitablemente más desgaste que un vehículo que permanece estacionado gran parte del tiempo.

La conclusión es evidente: el problema ya no es únicamente qué motor lleva un coche, sino cuántos coches hay circulando y cuántos kilómetros recorren. La electrificación puede reducir unas emisiones, pero no elimina la contaminación derivada del desgaste. Por eso limitar el número de VTC sigue siendo una medida legítima de protección ambiental y de salud pública, aunque los vehículos sean eléctricos.

No es casualidad que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ya reconociera que la reducción de la contaminación constituye una razón legítima para limitar el número de autorizaciones VTC. Cuando se dictó aquella sentencia se pensaba sobre todo en el CO₂ y en los gases de escape. Hoy sabemos que existe otra contaminación que no desaparece con una batería ni con un enchufe.

La ciencia nos obliga a replantear algunas certezas. El debate ya no puede centrarse exclusivamente en sustituir motores de combustión por motores eléctricos. Debe centrarse también en reducir el número de vehículos que saturan nuestras ciudades, disminuir los kilómetros innecesarios y apostar por sistemas de movilidad más eficientes.

Porque el aire que respiran nuestros hijos no se limpia poniéndole un enchufe al coche.

Se limpia poniendo menos coches en la calle.

Tito Álvarez
Portavoz de Élite Taxi Barcelona

Interesante

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