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La banda de leguleyos ya no silva

Tengo que deciros las cosas claras. Lo de Elpidio Silva es ya insoportable. Mi opinión, y la de muchos que lo hemos tratado, es que vive de vender humo, de hacer creer que puede ganar pleitos imposibles y de embarrar a la gente para justificar su cuota. Y lo peor es que todavía hay taxistas que se lo creen.

El 2 de octubre teníamos la audiencia previa de la demanda mercantil contra las empresas de VTC. La parte contraria presentó un motivo más que justificable y el juez suspendió la vista y la aplazó a febrero. Eso es lo correcto y lo respetamos, porque en el taxi entendemos lo que significa la justicia y el respeto a las decisiones judiciales.

Pues bien, Elpidio tuvo que montar el numerito de siempre. Un circo innecesario que, en mi opinión, solo nos deja en ridículo, perjudica nuestra posición y confunde a compañeros que confían en la causa del taxi. Después, para colmo, monta un mitin con los taxistas como si hubiera descubierto la pólvora.

Su procurador actual es Miguel Torres, que fue expulsado del Colegio de Procuradores de Madrid y tuvo que inscribirse en Guadalajara para seguir ejerciendo. Ese es su “dream team”: procuradores sancionados y aliados muy cuestionados. Recordemos también con quién se ha rodeado: el exjuez Serrano (inhabilitado y procesado por fraude de subvenciones) o el exjuez Fernando Presencia (condenado y en prisión). Ese es el perfil del entorno que ha buscado.

Los que lo hemos sufrido sabemos cómo trata a la gente. A mi parecer, es un abusón, maleducado en el trato, con un carácter tóxico. Se presenta como líder carismático, pero lo que vemos es otra cosa: un personaje venido a menos, con pintas de Mortadelo cruzado con un villano de película, al que ya casi no le queda ni credibilidad ni respeto.

Lo cierto es que fue expulsado de la carrera judicial por su actuación en el caso Blesa, y desde entonces ha intentado de todo: política, denuncias colectivas, protagonismo mediático… y siempre acaba mal. Mi impresión es que ahora solo le quedan los shows y los mítines para embarrar a incautos y apurar lo poco que queda de la fama de cuando era juez.

Yo, además, fui víctima directa de sus manipulaciones. Intentó deteriorar mi imagen, romper la credibilidad que tantos años de lucha me ha costado construir e incluso arruinarme la vida, acompañado de sus cuatro abducidos. Llegó a ponerme querellas que fueron inadmitidas porque no tenían ninguna base y eran mentiras, fabricadas igual que las que montaban sus amiguitos como Presencia. Eso no lo puedo olvidar. Pero tengo claro que el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio.

Hubo un día en que miles de taxistas nos sentimos estafados moralmente y lo pusimos en su sitio. Muchos buenos profesionales pasaron por su despacho y acabaron hartos de sus ataques de megalomanía. Todavía cree que es juez y que está por encima de las personas y de las leyes.

Yo, personalmente, me arrepiento de haber entrado en su despacho, pero la vida es así y todos cometemos errores. Lo que tengo claro es que con nosotros no va a jugar más.

El taxi está en otro nivel. Representamos dignidad, respeto, honradez, trabajo duro y justicia real, la que se defiende en la calle cada día dando servicio a la ciudadanía. Nadie de un nivel tan bajo, que se dedica a embarrarlo todo y a retorcer la ley en su beneficio, puede representarnos.

Nuestro camino es claro: dignidad, respeto y resultados. Sin humo, sin farsas y sin farsantes.

Interesante

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